3.12.11

Bueno, cuando nos hayamos ido y estemos a kilómetros de distancia -o quizás muy cerca, pero bien lejos- y nos encontremos caminando por la ciudad mientras vos estás apurado por llegar al trabajo y yo me tomo un helado, prometeme que me vas a saludar y no me vas a obligar a tener que rozarnos las miradas apenas, como si fuéramos dos desconocidos, porque eso me hace sentir un escalofrío y se me viene encima una tormenta de recuerdos, y no quiero llorar en la calle. Ya me pasó una vez, decime que vos al menos me vas a agarrar del brazo y vas a soltar una sonrisita como la que tenés ahora mientras me mirás, que te van a brillar un poco los ojos, que me vas a preguntar cómo estoy y te vas a olvidar por un momento de que estás llegando tarde al trabajo, por mí.